miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL ALFABETO DE LA NOVELA


DESCRIPCIÓN DEL SUEÑO

Dichoso presente...

Insistía en leer El origen de las especies, del señor Darwin, pero me era imposible. No podía permanecer ni un segundo más despierta a esas horas. Eran pasadas las doce de la medianoche. Sólo durante la noche de fin de año íbamos a dormir a esas horas tan agotadoras. A consecuencia de ello, caí en un sueño tan profundo del que ni Viola podía despertarme...
Y, entre sueño y sueño, me encontré con el futuro. El futuro en el que me convertía en una universitaria, y posteriormente, en una mujer científica.


En el maravilloso sueño me aceptaban en la Universidad de Washington. Al enterarme, me apresuré a decírselo a mi abuelo. Entré en la Universidad sin que mamá se enterara, pero el abuelo y mi padre me apoyaban -uno más que otro- y eso solucionaba un poco el desmadre que sucederá después en el salón. Reuní al abuelo y a mi padre, que se encontraban en el jardín, y les informé de la situación. Mi padre, agachó la cabeza y mi abuelo parecía tener una sonrisa más amplia que antes, cosa que me alegraba.
Después de cenar, la familia se reunió en el salón para debatir el tema del año. Fui quien inició la conversación:
- Me admitieron en la Universidad de Washington –tenía miedo, la boca seca y los ojos de mi madre parecían desorbitarse, eran cada vez más enormes-.
Mi madre nos miró a cada uno de los miembros del salón y envió a cada uno de mis hermanos a sus habitaciones correspondientes, estaba claro que echaba fuego por los ojos, ¡menudo fastidio!
- Calpurnia, las mujeres como tú no van a la Universidad, -dijo- ¿cuántas veces te lo tengo que repetir?
Tenía una voz exhausta, aunque parecía tranquila.
- Margaret, no veo un motivo por el cual no deba ir a la Universidad –estaba claro que el abuelo confiaba plenamente en mí y eso me aliviaba-.
Tras unas replicas más entre el abuelo y mi madre, mi padre, que parecía ausente, se unió a la conversación.
- Margaret, no creo que echar a perder una oportunidad como ésta sea una buena idea, si Calpurnia quiere ir a la Universidad, déjala. Siempre ha hecho lo que le has pedido y ahora que es ella la que te pide algo, deberías considerarlo.
Mamá reflexionó las palabras de mi padre, que me sorprendieron bastante. Finalmente, agotada, cedió. No sonrió. Se limitó a subir escaleras arriba y a encerrarse en su cuarto. Por una parte estaba feliz, ¡podía ir a la Universidad! Pero por otro lado estaba muy triste y decidí ir a consolar a mi madre.
Me sorprendí al verla llorar en la cama. Rápidamente fui a abrazarla y ella accedió y me correspondió. Se secó las lágrimas y dijo:
- Calpurnia, hija mía, quiero lo mejor para ti –ya lo sabía- y eres mi única hija, quería que fueras como yo, pero está claro que has salido a tu padre. Te quiero muchísimo y, aunque no lo parezca, te apoyaré en todo, te lo debo. Ya eres toda una mujer. ¡Mírate! Has crecido tan rápido...
La abracé tan fuertemente que empecé a llorar con ella.


Al acabar la Universidad me concedieron trabajo en un laboratorio de investigación, como lo que hacía con el abuelito durante la pubertad. Disfrutaba plenamente de mi nueva vida científica y de la relación con mi familia.
Me sentía orgullosa.
Llevaba una vida de ensueño.
Hasta que desperté y me vi obligada a aceptar el dichoso presente.

LA HIPÓTESIS FANTÁSTICA

Enamorada, ¿yo?

Quise escaparme sin que mamá me viera. Si me hubiera visto se enfadaría muchísimo conmigo. ¡Vaya que si se enfadaría! me enviaría a tejer otros calcetines para mis hermanos y eso era intolerable. Por eso, bajé las escaleras tan silenciosamente que nadie me notó. Debería ser Ninja.
Me encaminé hacia el río con una sonrisa estampada en la cara y dando brincos por el camino. Nada me hacía más feliz que una tarde en el río. Me hubiera gustado que el abuelito viniera conmigo, pero éste estaba muy ocupado y no podía venir.
Me extrañó que el río estuviera ocupado por un niño, de más o menos mi edad. Era alto y delgado, muy rubio. No lo conocía. Me acerqué a él y le dije segura de mi misma:
-- Hola, ¿quién eres?
Ni se inmutó. Pasó de mí olímpicamente. Decidí volver a decir algo, por si acaso.
-- Me llamo Calpurnia, ¿tú quien eres? Nunca te he visto por aquí.
Me miró, tenía los ojos más bonitos del mundo.
-- Soy Theodor Newton aunque prefiero Theo. –decidí saltar el hecho de que tenía apellido de científico y me centré en sus magníficos ojos, esos ojos verdes, ¿cómo podían ser tan verdes y bonitos?
Tenía una cara de embrollo total, me estaba mirando muy perplejo. Debía continuar hablando con él.
-- A mi me llaman Callie.
-- Bien, Callie, estoy de vacaciones por aquí, vengo de Austin y me quedaré unos meses por el pueblo. Vivo por aquí cerca y no conozco a nadie. ¿Tú dónde vives? –me caía bien y creo que le caía bien, podríamos ser amigos.
-- Yo vivo cerca de aquí, me gusta venir y ver la naturaleza, los especímenes de la naturaleza. Me encanta la ciencia.
Sonrió ante mi respuesta, como el abuelo. Que raro, cuando se lo dije a Harry pareció horrorizarse.
-- Que curioso, yo también quiero ser científico, también me gusta observar la naturaleza y todo lo que nos proporciona. Me alegra encontrar a alguien que comparte mi mismo gusto, aunque me resulta extraño que a una chica guapa como tú le guste. Eres la primera, enhorabuena.
No sé si se estaba riendo de mí o qué, pero el comentario no me gustó para nada. Seguro que había más chicas con mi misma mentalidad y como decía el abuelo, ¡existieron mujeres científicas!, que ignorancia por parte de Theodor. Otra cosa que me sorprendió de su contestación fue el hecho de llamarme guapa, ¿acaso estaba ciego?
Ignoré el comentario que llevo mucho tiempo escuchando y cambié un poco el tema.
-- ¿Quieres mirar bichos del río? –no notó mi brusco cambio de tema pero me siguió el rollo.
Asintió y volvió a sonreír. Tenía unos dientes perfectos en un orden perfecto que formaban una sonrisa perfecta.


Continuamos viéndonos día si y el siguiente también. En casa nadie sabía de su existencia pero tampoco era necesario que lo supieran. Creo que Harry deducía que me escapaba con alguien para ir al río pero nunca me preguntó con quien, supongo que pensaba que era Lula o el abuelo.
Cada noche pensaba en Theo, en lo agradable que era su compañía y en sus asombrosos ojos. No sé que me estaba pasando y por eso se lo fui a preguntar a Harry, él sabía sobre estos temas. El se limitó a sonreír y a decir:
-- ¡Mi bicho esta enamorada! –se burló de mí.
Yo, lo mire perpleja y le pregunté:
-- ¿Cómo se para? No me gusta.
-- No lo puedes parar, Callie Vee.

EL COMIENZO DE LA IMAGINACIÓN

En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos levantábamos de noche, horas antes del amanecer, cuando apenas había una mancha añil en el cielo oriental y el resto del horizonte seguía negro como el carbón. Encendíamos las velas del largo pasillo y salíamos al enorme jardín de enfrente.
Mike y yo nos tumbábamos en el césped sobre unas finas mantas de tela azul y contemplábamos las brillantes estrellas que aún seguían en el cielo. Recordando cada duro momento del 24 de julio del año pasado. Sí, ya había pasado un año de la muerte de mi joven marido, Arthur Ross. Sólo tenía 35 años cuando murió, un día caloroso y sofocante como éste.

Mike, a sus 7 años de edad, lloraba como alma que se lleva el viento por su pérdida. Tan desconsoladamente que no se escuchaba nada más que sus gemidos al llorar. Por otro lado, yo --Elizabeth Ross--, no derramé ninguna mísera lágrima. Me dediqué a contemplar las diminutas estrellas del cielo y a abrazar a mi dulce hijo.

Aquél día, Arthur y yo cumplíamos 15 años de casados. Lo extrañaba tanto que aún le dejaba un hueco en la cama. Su hueco: el de la izquierda; porque decía que si pasaba algo dentro de casa, él siempre estaría en posición para protegerme.

Se notaba tantísimo su ausencia... sobre todo en Mike, que cada noche me venía a despertar porque decía que no podía dormir. No sabía como seguir adelante. Siempre me preguntaba qué hubiera hecho él en mi lugar, pero no tenía ni idea. Arthur era una persona impredecible y valiente. Yo no era valiente, ni tenía coraje. Cada día pensaba que me iba a desmoronar hasta no poder más, que me rendiría, hasta que Mike me miró con los ojos grises de su padre y me dijo “Padre siempre estará en nuestro corazón. No te preocupes, tú y yo podremos seguir adelante juntos. No me gusta verte así, mamá.”.

En ese entonces me dí cuenta de que Mike era Arthur. De que Arthur seguía aquí, pero en otro cuerpo, en el de Mike. Me sentía muy orgullosa de mi pequeño héroe.

YO AUTOR

Mi nombre es Jacqueline Marie Kelly, aunque todo el mundo me llama Jackie. Nací en Nueva Zelanda el 1964, es decir, tengo 51 años. Desde pequeña muestro mucho interés por la ciencia, es como mi segundo mundo. Gané mi primer premio científico en la escuela, cosa que hizo aumentar toda mi motivación para continuar estudiando. Se podría decir que mi interés aumentaba con el paso de los días, los meses, los años; hasta que conseguí ser lo que soy hoy día y estoy muy orgullosa de ello.

En la escuela, la mayoría de niños me tenían envidia por mi inteligencia. No me gustaba sentirme superior a ellos ni mucho menos, pero era como era. Si soy lista, soy lista y punto. A causa de la envidia de los niños y niñas de la clase, mi círculo de amigos se reducía a dos: Theo y Alison. Sabía que podía contar con ellos pase lo que pase.

Todos en la familia nos mudamos al oeste de Canadá. En ese entonces aún era muy pequeña y estaba muy entristecida al saber que dejaríamos el país y a mis dos mejores amigos, aunque con el paso del tiempo me acostumbré: empecé una nueva vida con nuevos amigos, nuevos vecinos, nuevos profesores,...
Llegó el día que tuvimos que mudarnos a Texas, donde me licencié en Biología y Derecho, y cursé Medicina.

Mi interés por la lectura empezó de muy joven, leía mucho. Me gustaba crear mi propio mundo a través de la lectura porqué sentía que leer no me hacía mal, todo lo contrario. Gracias a la lectura aprendí un montón de curiosidades, enriquecí mi vocabulario, tenía más imaginación,... La verdad, nunca llegué a madurar del todo, siempre mantuve una parte infantil en mí que aún conservo.

En 2001 escribí mi primer relato corto en la Mississipi Review, me siento muy orgullosa de lograrlo.
En 2009 publicaron mi primera novela que tuvo mucho éxito internacional, sobretodo en Estados Unidos: La evolución de Calpurnia Tate, que fue premiada en 2010 con la “Medalla Newbery”. Se vendieron alrededor de 100.000 ejemplares, no me esperaba tanta audiencia. En Calpurnia se refleja mi yo interior, me identifico completamente con la protagonista porqué yo soy Calpurnia.
Actualmente estoy esperando que se haga una película de la segunda parte de La evolución de Calpurnia Tate: El curioso mundo de Calpurnia Tate. Creo que Calpurnia puede enseñar a tener corazón y mente siempre abiertos.

Me parece una sensación maravillosa poder escribir un libro, he disfrutado muchísimo escribiendo y sabiendo que mis libros obtienen tanta audiencia. De verdad, estoy muy orgullosa de haber logrado todo lo que soy.